viernes, 27 de mayo de 2011

El perro en su final

Era una noche de soponcio de verano en la que no podía dormir, víctima de un hambre feroz, hijo de mi dieta cruel, consecuencia de mi colesterol y mi hígado, que me provocaban miles de vueltas en la cama, simplemente no podía dormir. Apago la televisión y trato de encontrarme en la oscuridad, trato de conciliar el sueño, pero de pronto siento una presión en el pecho, siento un dolor inmenso, trato de gritar pero la voz no consigue salir de mi garganta, respiro profundamente hasta poder sentir el ruido cercano del mar.
Aparezco de pronto caminando en la arena, con un profundo mar azul, miro por toda la playa pero no diviso a nadie, cuando de pronto a lo lejos, lo veo, Franco viene hacia a mí, vestido totalmente de blanco, puro, sin calzado, caminando descalzo sobre la arena, dejando tímidas huellas sobre la orilla que se lleva el eterno vaivén del mar. Lo veo feliz de verme mientras camino hacia él, el atardecer me hace entrecerrar los ojos para verlo, pero a medida que se acerca, me doy cuenta que su mirada esta melancólica, su sonrisa es medio triste y es así que comprendo donde estoy y que no es solo un sueño.
Comprendo que la vida es cíclica y que la última vez que habíamos estado juntos, había sido junto al mar, cuando lo había despedido, cuando lo deje al fin partir y que tantas veces había deseado el (yo también) una oportunidad de volverme a ver, de abrazarme, que Dios le permitió reencontrarnos en esta playa para que ahora el me pueda despedir a mí, creo que no hubiera podido tener mejor despedida.
Nos abrazamos fuertemente, ambos derramábamos lagrimas al hacerlo, siento su respiración, su barba semi crecida, su piel esta tersa, suave… sana. Sus ojos me trasmiten paz mientras me seca las lágrimas que me corren por las mejillas. Me mira fijamente y me dice tantas cosas sin hablar,
me cuenta que Leo fue quien me vistió, me cargo, me oro y hablo por mí, que en verdad fue el que más me lloro y que lo hizo sinceramente, que en verdad me amo. Que la diva me lloro cual viuda, que estaba inconsolable, que en verdad le dolió mi adiós, que sorprendente solo hablo cosas buenas de mi (casi todas de cuando fui joven jajaja) que Camila, me rezo y me maquillo, escogió la decoración, la música que me gustaba y la ambientación (con invitaciones y todo) que Leo fue
quien me llevo hasta el mar y que lo que habíamos empezado el y yo se había vuelto ya una tradición, puesto Leo había pedido regresar en su momento también para unirse a nosotros cuando le llegara su momento. La vida es un soplo en verdad, somos un soplo al viento y nada más.
Me explica con tan solo mirarme y suspirar que era la última vez que nos volveríamos a ver, que mi camino era otro, puesto nuestros actos son lo que marcan nuestros destinos, que me había olvidado de las cosas que realmente valen por las cosas que cuestan, que me había perdido a mí mismo, entre facturas, boletas, recibos y cuentas. Que en la vida no importa al final cuanto tienes, sino cuanto vales, que no es lo que realmente vale si le pagas la comida a fin de mes al perro, sino cuantas veces lo paseaste, lo acariciaste, le brindaste cariño. Mientras entiendo esto sin palabras me siento en la arena a llorar, me doy cuenta cuan confundido estaba a pesar de mis
buenas intenciones, me doy cuenta que lo que valen son más los abrazos que te ganas y te llevas que los que das por compromiso, sin darlos de alma.
Nos abrazamos y sentamos en la orilla viendo el mas hermoso atardecer que haya visto, sin decirme palabras el me dice que lo pidió para mí, lo miro tan en paz, tan en calma, lo miro y sin decir le digo que siempre lo ame, que siempre lo quise, que siempre fue así, que nunca fue mi intención olvidarlo, dejarlo de lado, maltratarlo, le beso las manos para que este seguro que realmente lo amaba, a pesar de mis errores, de mis desaciertos, de mis desatinos.
Me mira y escucho su voz en mi mente diciéndome que siempre lo supo, que cuido de cada uno de mis pasos, que adónde yo iré, es porque equivoque mi camino, porque debo expiar mis culpas, cumplir mi castigo, que no son las buenas intenciones las que cuentan, sino los actos y ahí estoy en deuda. Sonríe mirando al mar y me transmite el mensaje de que Dios sabe que realmente los amaba, que eso siempre será eterno, que el amor es lo más importante de todo, pero a veces no es suficiente, es necesario sacrificios.
De pronto una duda me embarga, me toma las manos y entonces sé que mi papa está bien, que está con él, siempre pidiéndole a todos que cuiden de mi, que si saben algo, le pido que no le diga a donde voy, que le diga que se ha enterado que estoy bien, que algún día volveré a estar a su lado, se también que mi mama está con ellos también, que a pesar de sus errores (los cuales yo no tendría porque no perdonar, siempre la ame) Dios le dio el perdón por su eterno amor de madre y me sentí feliz, que estaban ahí con ellos mis abuelos, algunos tíos, amigos, nuestros queridos Chopra, Jacko y Mateo, lo cual hasta me hace sonreír.
Me asalta la duda de quién estará aquí en esta playa para recibir a Leo, si podre estar yo? Lastimosamente me abraza y comprendo que no, que yo no volveré, pero me reconforta mirarlo y saber que él estará ahí por mí, para recibirlo, para atenderlo, para cuidarlo, para quererlo. Sé que le dirá que hasta en el fin del mundo, en el fin de los tiempos tuve una palabra en los labios y esa palabra era Leo.
Veo como el atardecer empieza a morir y el sol ahogándose en el mar, empieza a teñir todo de naranja y empiezo a sonreír (siempre me gusto esto y él lo sabe), lo miro y lo beso en las mejillas como cuando éramos niños para mostrarnos afecto, lo miro y sin hablar le digo que me perdone, que la promesa que le hice cuando nos vimos la última vez en el mar no la iba a poder cumplir, la estar de nuevo juntos y esta vez para siempre, pero era porque no puedo.
Lo veo ponerse triste y me explica que al lugar a donde voy no tendré descanso ni consuelo, pero que no importa adonde vaya y que me hagan, nadie podrá quitarme mis sentimientos, mis recuerdos, que el alma se forja de recuerdos, de sentimientos, por eso el alma está viva, que no importa que pase, o que tan oscuro se ponga, nadie podrá jamás arrebatarme mis recuerdos o mis sueños.
El sol se oculta y el mar comienza a agitarse como en una tormenta, las olas vienen por mi arrastrándome mar adentro, noto que él quiere venir por mí a rescatarme, pero no puede, lo miro un poco asustado y entonces le sonrió, lo miro a sus bellos ojos y me toco en el pecho, señalando el corazón, para decirle que no importa a donde vaya, que me suceda, que me hagan, el siempre estará conmigo, con mi papa y con Leo, le sonrió, mientras lo veo elevarse en un halo de luz, porque entonces descubro que al final de todo, yo ya estuve en el paraíso y era cuando estuve con ellos.
Entonces oigo los rayos, veo las olas, en medio de una noche sin estrellas y sin luna, con una tormenta infernal y ya no tengo miedo, cierro los ojos, extendiendo los brazos y me sumerjo en la profundidad más oscura, en la oscuridad sin fe, sabiendo que no hay retorno, pero me sumerjo contento, porque no importa que me ocurre de aquí a mil eternidades, nadie podrá quitarme mis sentimientos, mis recuerdos… mis sueños.
Franco, Papa, Leo aun en el fin del mundo, pero yo igual estoy con ellos, mil eternidades no bastaran para quitármelos y me hundo en el mar embravecido, sintiendo que ilumino en un mar negro.

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