sábado, 8 de mayo de 2010

EL perro y el cordero

Me había amanecido con la misma idea con la que estaba acostando ya hace varias noches… que algo andaba mal. Debora no era feliz últimamente y no era por lo que no hacia (que hace mucho no hago) ni lo que decía (que hace tiempo no digo) ni por lo que ahora hago (como ella me pedía) sino que ahora era de que si estaba (me sentía ausente), que no se reflejaba en mi cara que sentía lo que ella sentía (ósea ahora hasta lo que tengo que sentir me decía), en fin. Trate de no continuar con esta conversación (discusión en verdad) llevando el tema a algunas de mis casuales y ocurrentes bromas, pero lastimosamente no funciono y nos despedimos mucho peor de lo que nos saludamos.

Últimamente me daba cuenta que yo había perdido todo poder de decisión, de argumentos, de integridad, de personalidad, de carácter y de independencia. Todo tenía que ser según como Debora decía que se sentía, según lo que ella pensaba que estaba bien y según sus cursos para nosotros en su iglesia evangélica mormona le decían que debía ser. Yo sinceramente respetaba a la iglesia y sus conceptos, pero no era un clásico devoto, es decir; creo que uno debe de escuchar siempre que pueda un sermón de la palabra no importa la iglesia, tipo o clase, la palabra es la palabra y Dios nunca esta demás en nuestras vidas, pero tampoco puede ser la iglesia quien decida por mí. Pues para eso precisamente Dios nos dio el libre albedrio, pero al parecer eso para Debora y su iglesia no cuentan.

De pronto en medio de la discusión sale a relucir mi facebook, en el cual tengo amigas bailarinas y bueno están con ropa chiquita y obviamente es de bailarinas, pero que eso es una falta de respeto para ella, porque no cuido mis ojos, mis actos y mis amigos, que debo empezar a filtrar a mis amigos del facebook porque sino visten como ella está de acuerdo, entonces no son buenos, sintiendo que vivo en una dictadura vestida de inocencia, trato de defenderme como puedo pero en verdad lo dictadores no entienden razones. Incluso me saca en cara que ella se viste decentemente (es decir tratando de tapar sus atributos) por mí, cuando en verdad no se lo he pedido nunca, pero descubro que eso no importa porque igual tengo que pagar esa factura de deber moral de un producto o bien que nunca pedí pero según ella me hace bien.

Al día siguiente tratando de limar asperezas me fijo que en su facebook le han compartido una linda canción (un viejo amigo llamado Jorge) y comento que me parece linda… nada más. A los minutos este seudo amigo (no sabría hasta ese entonces con qué derecho) me contesto - Hummmmm OK – lo sentí sarcástico, cachoso, faltoso y petulante y procedo a responder – Hummmmm de nada- y cierro la ventana. Debora me llama como por arte de magia y comienza a increparme de que estoy celoso y le aclaro de que no, en verdad no solo son celos (lo estaba es cierto, pero no era solamente eso), sino que defendía mi honor por una respuesta a todas luces fuera de lugar de un amigo de ella. Debora argumenta que es medio loco pero que hablara con él, después de una discusión acalorada (por mi parte después del día anterior de todo lo que hablamos de mis faltas de respeto por mi facebook) le cuelgo molesto y me dedico a trabajar, bueno total de algo tengo que vivir.

A la medianoche no sé porque se me dio de entrar nuevamente al facebook, solo para describir que ella había ido a una fiesta con este “amigo” y encima se comentaban las fotos… es decir, mi respeto, mi honor, su conducta intachable se cayeron de golpe. Con la experiencia que nos da a los perros los años vividos, de pronto abro los ojos y recuerdo todos los anteriores mensajes, los comentarios, la vez que la llamo a las 11:30 de la noche cuando estaba en mi casa (ese día se le había hecho tarde) y ella sutilmente le corto la llamada. Me doy cuenta de que está pasando algo y solo es cuestión de tiempo para que lo admitan, por eso la molestia en todo lo que yo hacía… me estaba buscando el pero para que yo termine. Procedo a sacarme el sombrero por lo lindo que me la hizo a pesar de ser yo todo un perro, fue magistral, cuanta hipocresía, decirle a alguien que lo amas y que te perdone porque su amigo te falto el respeto y luego en la noche salir con este amigo a una fiesta. Cuanta doble moral de pedirle a alguien que cuide sus ojos, cuando ella ya estaba viendo hacia otro lado, la llamo para increparle y se hace la ofendida porque es inconcebible que yo piense así de ella. Hasta llora y se siente traicionada y decepcionada de mí, yo sinceramente estoy mal, no contengo lo que digo y le digo lo que pienso sin contenerme, total no creo que debamos hablar nuevamente nunca más. Bien dice la biblia cuídate de las aguas mansas, pero realmente me quedo con este refrán (verdades universales que también salen de la biblia) el cual adapto para mí; Hay perros que se visten de corderos, pero hay corderas…

Ralph Villanueva