Fue un día de finales de verano, con bochorno, soponcio, calores, humores y demás en que no conciliaba bien el sueño, durmiendo cada veinte minutos a salto de mata, en que te vi parado al lado de mi cama (sofá cama seria más honesto) por un momento me pareció que me había despertado de un mal sueño y tu presencia era real. Recuerdo que me preguntaste si tenía hambre y que yo respondí que si, casi mecánicamente. Recuerdo que preparaste algunos huevos y yo me dedique a observarte, con cariño, con amor, con pleitesía, te observe romper las cascaras, calentar la sartén, abrir las ventanas, hacerlo todo como siempre lo hacías. Al mirarte recordaba a los niños que alguna vez fuimos, cuando salíamos del Alfonso Ugarte (la gran unidad escolar que de grande no tenía casi nada… no había ni pupitres) y nos poníamos a caminar por las calles de San Isidro, cuando compartíamos una papita rellena del triciclo de la esquina del colegio. Tomábamos Enatrus y me sentaba muchas veces en el espacio que dejaban los 2 espaldares de los asientos sobre las llantas traseras y tú te ponías delante para evitarme problemas. Te miraba y recordaba cuando alguna vez me enamore a los 13 años y conversábamos sobre el amor, la ilusión y los desengaños. Me acordaba cuando estabas más gordito, más cachetón y con más pelo, con tu sonrisa enorme y tu abrazo sincero que era tu firma al despedirte. Recuerdo que serviste los huevos y nos sentamos en la sala y te vi comerlos, sin hablarme y sin embargo me decías tanto sin siquiera mirarme. Recordaba las veces que en aquel edificio de breña, donde crecimos y nos volvimos hombres, juntos, hombro a hombro, tocabas en las miles de noches sin sueño, el saxofón y entonabas la canción de la pantera rosa. En que me convertí… no lo sé, pero sé que no es nada bueno. Cuantas veces te devolví los abrazos con besos, muy pocos, cuantos recibí de tu parte, miles, en verdad. Recordaba el día en que me entere que iba a ser padre, recordaba que tú fuiste el único que sinceramente se alegro, me felicito y me apoyo, los demás movían la cabeza como diciendo que ha hecho este jovencillo loco. Te miraba comer tus huevos, con tu pancito, disfrutándolo y se me venía a la mente el día que tuviste tu primer ataque de diabetes, en como fui corriendo a verte, recuerdo que en ese entonces trabajaba con administrador de Don Jijuna (peña juvenil) y ese mismo domingo fui a las oficinas y vacié la caja chica (técnicamente era un robo) , y de frente fui a pagar tus exámenes, tus medicinas, tu tratamiento, no me importaba nada más que tu y no podía soportar que hubiera una posibilidad que no te mejoraras, te ame, te amaba y te amare con locura. Recuerdo que perdí el trabajo por eso, pero no me importo, tú estabas mejor. Siempre pensé que las palabras se las lleva el viento y que son los actos los que demuestran amor y mis actos siempre delataban el amor incondicional que sentía por ti, así estuviera furioso contigo, te amaba demasiado. Recuerdo cuando Chopra (tu amado perro Fila brasilero) se puso mal y tuvimos que sacrificarlo y luego enterrarlo, como caminamos juntos, como llorabas en mi hombro, con sentimiento de amor puro. Recuerdo haberte visto lavar tus platos y sacar tu saxofón para empezar a limpiarlo. Te miraba hacerlo y sentí un vacio en el pecho , un frio, una compresión, me acorde lo que sentí cuando te pusiste nuevamente mal en el baño y te llevamos a emergencia, cuando no podía por primera vez estar a tu lado, no sabes cómo me duele el alma hasta ahora el solo recordarlo. Limpiabas el saxo y tarareabas melodías como afinándolo, me puse a recordar cuando nos sentábamos en las escaleras del colegio Rosa Santa Maria (donde ninguna alumna era tan santa) y conversábamos de todo un poco, te veía sonreír con lo poco que tenias. Recuerdo que te pusiste una casaca y me hiciste un ademan de acompañarte para sacar a pasear al perro, te acompañe y recordaba las veces, las muchas (pero siento tan pocas) madrugadas que te acompañe a pasear a los perros, no tenias nada que ofrecerles, pero a la vez les dabas todo, como con tus amigos, a quienes llenabas de cariño y amor incondicional. Bajamos por debajo del puente de los suspiros camino a la costa verde y me preguntaba que había sido de aquellos niños que leían cuentos juntos en su mesita y que tenían un pato que se creía perro, recordaba una ocasión que por el tratamiento para tu piel te tuvieron en limpieza y al no poder usar ninguna medicina (para limpiar tu hígado) la enfermedad empeoro y no querías salir. Recuerdo que lloraste de pena y de rabia porque no te entendían, lo que sufrías, lo que sentías, a lo que renunciabas… nunca le habías hecho nada malo a nadie y sin embargo, siendo la persona más buena del mundo, te habían castigado a vivir un calvario sin remedio que te hacia algunas veces sentir rechazo de los ignorantes y vivir como un leproso. Mientras que yo el peor de todos, el egoísta, el vanidoso, no tuve mal alguno… no sé por qué. Recordaba las innumerables veces que me decías que si te sacabas el premio mayor de lo que sea (a pesar de que no comprabas nada… era lo más gracioso) nos comprarías todo a todos y en verdad no lo dude, lo que me desesperaba era que no los tenias, pero ya andabas estresado con todos tus compromisos. Jamás dude que no los hubieras cumplido, sé que me hubieras dado la vida si pudieras… y es más, me la diste sin saberlo. Recuerdo que te gustaba echarte conmigo a ver juntos algo en la tele, conmigo, más que con mi papa o nuestra hermana, sabía que tu realmente me amabas, por sobre todas las cosas, sabía que estabas extremadamente orgulloso de mi, en verdad sin merecerlo, pero así eras tú, a pesar de todo lo que te hagan, solo podías dar amor. El abandono de nuestra madre nos unió de una forma muy especial, más que hermanos nos volvimos cómplices, aliados, amigos. Llegamos a la playa y con un amanecer al final del mar, me diste un abrazo, sincero, profundo, lleno de afecto. Sentí tu barbita, tus mejillas, acariciar mi rostro, recién entonces al bajar la mirada me di cuenta que no era tu perro Mateo, era tu querido perro Chopra quien te acompañaba, me hiciste un ademan con la mano de que no te siguiera, me sonreíste y con ese sol naciente te fuiste caminando por la orilla. Recién entonces ahí comprendí que era en verdad un sueño, que te estabas despidiendo, que me estabas diciendo que por ahora nuestros caminos se separan, que me amabas, miles de lagrimas, brotaron de mis ojos, mojando mis mejillas hasta el cuello, quise seguirte pero tú ya no estabas. Me derrumbe en la arena con el sabor salado de mis lágrimas en mis labios.
Al despertar tenía los pies llenos de arena como si hubiera sido cierto, vi el mismo sol alumbrar y entendí que es cuestión de tiempo, para que también me llegue mi amanecer… para volverte a ver en esa orilla. Comprendí que no te habías ido, que seguías conmigo, que nunca me dejarías, decidí no hacerle caso a esa gente que me decía que te supere, yo no quiero superarte. Decidí seguir como estamos ahora, como hemos estado siempre, juntos de una u otra manera.
Decidí no despedirme, simplemente esperarte o que me esperes, que es cuestión de tiempo para estar nuevamente y para siempre juntos el gordo, el saxo y el perro.
P.D. Franco me demore en escribirte no porque no te ame, sino porque me era imposible teclear las teclas con tantas lagrimas, descuida gordo, te prometo que pronto estaremos nuevamente juntos… solo espérame un poquito.
1 comentario:
despues de hablar contigo,no pude dormir y me puse a leer con mi cafe al lado,y leyendo este relato me brotaron las lagrimas ,xq fui a visitar al gordito y sabes lo curioso que cuando le deje las flores vino una ola que me mojo las zapatillas,era como si franco me hubiera dicho gracias, pero a su manera,y se hubiera estado matando de la risa,ay gordito tu recuerdo siempre estara conmigo.ahora si pongo anonimo.
Publicar un comentario