miércoles, 18 de junio de 2008

Si el poeta tiene una musa... una maja tiene el perro!

Estaba sentado en Starbucks, después de haberme reunido con un amigo un rato, odiaba ese café por parecerme muy pop y poco bohemio, pero mi amigo de promoción sólo tenía 2 horas y bueno habíamos postergado ese café durante mucho tiempo, estaba saliendo de su oficina y así podríamos conversar un rato, en realidad últimamente me había dado un poco de nostalgia tras leer una novela que narraba las memorias de un grupo de amigos de colegio, me dio por recordar lo ingrato que fui con los pocos amigos que tuve y comencé una búsqueda personal por reencontrarme con mis compañeros tal vez tratando de reencontrarme conmigo mismo, cuando él se fue me quede pensando en que viejo se veía, se iba corriendo para llegar a la actuación de su hija por el día de la madre y yo me quede pensando en mi hijo y en que estaría haciendo en Miami en estos instantes, aproveché que tenia red inalámbrica en esa cafetería y entré al chat a ver si lo encontraba, últimamente conversábamos un poco mas por messenger y era bueno para él por qué practicaba lectura y escritura en español, de paso que escapábamos del feroz control que ejercía su madre sobre ambos, al no encontrarlo decidí seguir buscando amigos por el Hi5, justo encontraba el perfil de un viejo amigo cuando noté que se me había acabado el café, me levanté a pedir otro en caja cuando me percaté que no podía dejar la laptop sola, me di la media vuelta y le pedí a una chica que estaba sentada en una mesa detrás de la mía que la vigilara mientras iba por un americano, mientras estaba en caja me pareció un lindo gesto de cortesía llevarle un muffin, pensé en que el de manzana era la mejor opción así que pido uno y regreso a mi mesa, me acerco a ella y me doy cuenta que ya estaba acompañada por la amiga que estaba esperando seguramente y que ni siquiera le prestaba atención a mi laptop, bueno me queda mirando mientras me acerco a mi mesa y decido igual regalarle el muffin deseando despertar en ella el cargo de conciencia de haber recibido algo por no haber hecho absolutamente nada, se lo entrego agradeciendo por el favor – que en realidad no hizo – cuando voltea su amiga también a verme, me percato de que tiene unos lindos ojos, más lindos de lo esperado, una mirada sincera e inocente, no sé por qué me quede mirándola a ella y me olvidé a la del muffin, bueno regreso a mi mesa y las dejo conversando, pero realmente había perdí todo interés en lo que hacía, no me podía quitar de la cabeza a esta linda chica de los ojos sinceros, escuchaba todo lo que podía sin que ellas se den cuenta, hablaban de sus carreras, de sus amigos, de lo que hicieron el último fin, pero no decían sus nombres, quería saber cómo se llamaba, de pronto tenía una necesidad urgente de conocerla, estaba pensando en maneras ingeniosas de presentarme y decirle que me interesaría mucho conocerla, que por alguna extraña razón no puedo dejar de pensar en ella, en sus ojos, en su mirada, cuando escucho que una de las azafatas del café la saluda por su nombre alegre y exageradamente, por primera vez en mucho tiempo me alegro que las mujeres tengan esa extraña manía de llamar la atención, escucho que la llama Maja, que estudia en la de Lima y sigue la carrera de comunicaciones, mientras decían todo esto yo escribía lo más rápido posible toda esta información preguntándome si tal vez algún día podría dedicarme a detective, veo que su amiga se levanta y se despiden, me quedo helado sin saber qué hacer, trato de arreglar mis cosas y acercarme, pero me demoro demasiado y las pierdo rápidamente, cuando de pronto me doy cuenta que tengo todo lo que necesito dentro de la cafetería, una compañera de la universidad, amiga de confianza e informante perfecta para saber más de Maja, después de 3 cafés, sincerarme cojudamente y reconocer que debía parecer un perfecto idiota, la amiga se apiada de mi y al ver que no había mucha gente me lo cuenta todo, así descubro que en verdad se llama María Jimena y de cariño le decían Majita y luego con los años quedo en Maja, tiene 20 años, estudia comunicaciones y su sueño es ir a estudiar a España dirección de cine, mira si las coincidencias son increíbles, le dicen Maja y quiere ir a vivir a España, por lo demás no tiene novio y es súper tranquila, no toma mucho y casi no sale, me quedo fascinado con toda esta información y le suplico que me la presente, le ofrezco una cena para ella y su novio en Cala si lo hace, mi oferta la tienta, se ríe y me invita a ir el sábado a una reunión de cumpleaños de una amiga en común de ellas, cambiamos números y quedamos en confirmamos en la semana, salgo del Starbucks por primera vez en mucho tiempo feliz de haber sido arrastrado ahí, en verdad me sorprendo como de una necesidad extraña que me había embargado en la búsqueda personal de los amigos que perdí, surge una nueva ilusión, una nueva historia y todo conspira en el mundo para ayudarme a emprender esta aventura, como suceden los eventos; como si fueran piezas de un domino ordenadas por el destino, como las causas y azares de las que cantaba Silvio me guían y yo estando a ciegas me dejo llevar, salgo del café casi al anochecer y sin embargo en mi alma recién amanece el sol de la esperanza.
Pasa la semana y yo comiéndome las uñas esperando la llamada del destino, bueno al parecer el destino andaba a full por qué no contestaba las llamadas, así que bueno trato de no pensar, aunque al tratar de no hacerlo lo hacía cada vez más, es lógico… el ser humano es nacido técnicamente para ser masoquista, es que acaso cada vez que te niegan algo es que más lo quieres, será que cada vez que pierdes algo realmente te das cuenta de lo que esto vale, pasa la tarde y pierdo todas las esperanzas, me doy cuenta que el destino me jugó una mala pasada, que algún dios burlón se burlo de mis sueños, como aquellos niños pobres que mendigan en navidad y sin querer pasan por una vitrina de juguetes caros y saben que nos los pueden comprar, decido salir a embriagarme en cualquier cabaret y pagar por un abrazo, cuando en eso recibo la llamada del destino encarnada en una azafata de Starbucks, me confirma que mañana veré a Maja, que ella asistirá al cumpleaños de esta amiga en común, me da la dirección y me pide disculpas por no haber podido contestar las llamadas pero había estado en finales de la universidad, me propone encontrarnos con su enamorado para que no vaya a aparecerme solo, cosa que acepto de buena gana y colgamos, estaba feliz.
Sábado medio día y salía de Ripley de comprarme una camisa nueva, resulta que desde la noche anterior me estuve probando ropa pero no había nada para la parte de arriba que sintiera que era la correcta para esta primera impresión, desde polos, chalecos, camisas manga corta y larga y no había nada, en verdad había perdido toda esperanza de lograr algo, así que al día siguiente me bañé y salí decidido a encontrar algo que sintiera que era la prenda precisa para una primera impresión, encontré una camisa blanca con bordados que sentí que era perfecta, de buen corte, caída suave, excelente material y diseño perfecto, moderno, con un toque clásico y de apariencia muy varonil, me entallaba como hecha para mi cuerpo y me hacia lucir delgado, el que diga que la ropa barata te queda igual es un perfecto imbécil, una camisa de marca esta tan bien diseñada que mejora tus virtudes y oculta tus defectos, tengo un jean que combinará perfecto y unos zapatos súper modernos, la correa combina y últimamente estaba comiendo menos por lo que me sentía súper ligero, ósea estaba en mi mejor momento en todo este mes, hay un terco sol que no se quiere ir pero me hace brillar los ojos de esperanza, ensueño y mucha fe, sólo me faltaría llorar y me sentiría como un personaje renacido de Corín Tellado, jajajaja, tomo un taxi y me enrumbo al departamento.
Plan de 6 de la tarde me llama mi confidente y socia de Starbucks y me propone reunirnos en el óvalo Gutiérrez a eso de las 7 de la noche, tomarnos un café mientras llega su novio y contarme los datos de todos los asistentes al cumpleaños, una hora después estábamos sentados en una mesa esperando que llegue el susodicho, ella aprovechó en contarme más detalles de Maja, de sus ex parejas, sus mejores amigas, donde vive, que hacen sus padres y a dónde ha viajado, cosas que le gustan, roches que haya tenido y cosas que detesta de los hombres, en verdad mientras me hablaba más ganas tenía de decirle que deje su carrera de diseño de interiores y se vuelva espía, cuando de pronto llega su novio y me agradece de mala gana la cena que les invité, noto su fastidio, típico de los hombres que creen que todos aquellos que tengan un gesto amable con sus parejas es porque se las quieren llevar a la cama, lo cual es totalmente cierto, jajaja, sólo que en este caso yo lo hacía porque mi interés estaba en su amiga, no sólo por llevármela a la cama, sino porque realmente había despertado toda mi curiosidad en saber que más había detrás de esa mirada, de esa sonrisa, de esa expresión.
Llegamos a la fiesta y éramos casi los primeros, fácil 15 minutos antes y ayudábamos a mover los muebles, sólo estaban los que siempre llegan primero a toda reunión; los solitarios, los nerds, los no fashion, aquellas personas no importan sean hombres o mujeres que simplemente no tienen nada divertido, les puede ir bien o mal con el trabajo, pero no son divertidos, jamás les pasa nada memorable o gracioso, jamás nos acordamos de una buena anécdota con ellos, pasan desapercibidos, no nos acordamos de ellos en la época de cole, como si no hubieran existido, como si no estuvieran, tanto así que uno a veces se llega a preguntar quién los invito, pienso que ellos se invitan solos, pero se hacen querer cuando te fijas en ellos, son los primeros en mandar mails de navidad, cumpleaños o fiestas especiales, siempre se acuerdan de cosas divertidas tuyas como si vivieran pensando en ti, me pregunto si en el fondo no soy como ellos, yo que vine de polizonte a una fiesta en donde no conozco a nadie, soborné con una cena a una pareja de perfectos desconocidos, sólo porque una mirada me cautivo en un café a donde había acudido llevado por la extraña sensación de reencontrarme con mis viejos amigos o conmigo mismo... patetico, una ronda de pisco sour de cortesía me arranca de mis pensamientos, sin querer me doy cuenta que me quedé pegado como si estuviera viendo el cuadro que tenía delante de mí, por lo menos di una imagen de chico intelectual y apasionado por el arte, descubro que varios invitados más ya habían llegado y me uno a una conversación sobre la capa de ozono y la falta de agua para los ciudadanos del siglo XXII, sin poder evitarlo doy mis análisis entre cínico y cruel y veo que todos en esa conversación recién se fijan que yo existo, noto sus miradas como preguntándose quién diablos soy y como llegue ahí, por suerte mi amiga de Starbucks llega a rescatarme y me presenta con todos, después me jala del brazo y me la presenta, había llegado vestida con un bividi tipo bailarina de ballet, con un polo negro por debajo y un simpático jean semi enrollado en las canillas, unas All Star color negro y una coqueta cartera, como diría Sabina, Páez y Cía. ... y aunque sé que no era la más guapa del mundo, juro que era más guapa, más guapa que cualquiera, ella sonríe al verme y redescubro lo bello que es estar vivo, era bella, para mí no existió nadie más esa noche, pudo pasar delante de mi todas las candidatas del hawaian tropic como si yo tuviera el voto decisivo y sin embargo no hubieran podido lograr que le quitará los ojos de encima, me dediqué a mirarla, a contemplarla, a dibujarla como si fuera un paisaje y mis ojos fueran los pinceles de un Da Vinci moribundo dejando su último milagro a un mundo en agonía, la miré: reír, sonreír, bostezar, brindar y hacer gestos con el ojo, medio raros pero muy graciosos, en verdad me dediqué a dejarme cautivar por ella, jamás había pasado una noche tan en silencio, lo cual en mi era extraño, pero jamás en mucho tiempo había sido tan feliz con tan poco, casi no le hablé, casi no conversamos, sólo nos cruzamos y juro que fue sin querer cuando coincidimos con el baño, esperando nuestro turno, en algún momento quiso prender un cigarro y yo se lo encendí, pero al hacerlo encendí más allá de un Marlboro, encendí dentro de mí una esperanza que pensaba estaba muerta aquella tarde que le hice las maletas a la mujer que más había amado, cuando aquella tarde descubrí que a veces amar es decir adiós, ahí la había apagado, pero se había encendido extrañamente con sólo mirar el brillo en sus ojos cuando se lo encendí, de ahí no nos cruzamos más, la vi de lejos, mejor dicho la espié de lejos, cual niño que espia a la niña que le gusta, de reojo, poniendose rojo, pero no por eso dejará de mirarla, creo que un hombre muere cuando muere su fe, podrá seguir vivo y andando pero si ya no tiene sueños ya de nada sirve, la acaricie a la distancia, imaginariamente, ilusamente, la vi encender su camioneta a través de la persiana sin que nadie se diera cuenta, pero mi mente se fue con ella, me retiré sin despedirme y caminé guardando ese fulgor en su mirada cuando la tuve delante de mí y sinceramente esa noche dormí feliz.
Al día siguiente llamé a mi amiga del Starbucks con la intención de pedirle disculpas por mi autista actitud de la noche anterior cuando ella me comentó que Maja le había preguntado por mí, quién era y si nos habíamos conocido antes, le había dicho que le había parecido enigmática mi actitud y que a pesar de mostrarme parco le parecía una buena persona, ella le había dicho que yo había comentado que me había parecido muy simpática y que yo también había preguntado por ella y que si ella me podía dar su número para tomar un café con ella (cosa que no hice) y ella había respondido que claro, porque no y ahí me encontraba yo, con su número escrito en un pos it en la laptop, sin saber cómo lo tuve si jamás lo pedí, cómo la conocí casi sin proponérmelo y pensando en ella sin que ella lo supiera, esa noche no pude dormir pensando en si debía llamarla, si tal vez al hacerlo se podía acabar la magia, si al hacerlo perdería la ilusión de lo que podría ser y se volvería real y dejaría de ser un sueño, no sabía realmente que hacer.
Pasaron 3 días y decidí llamar, aún sabiendo que no era lo mejor ni qué le iba a decir, simplemente mis dedos marcaron su número y llamé, no pensé si era la hora, si estuviese ocupada, si me recordaría, llamé – Aló ¿Quién habla? – Sonaba de lo más natural – Hola ¿Cómo estas? Me recuerdas, estuve en el cumpleaños del fin de semana pasado y le había pedido a tu amiga del Starbucks que me dé tu número – traté de sonar lo más natural posible – Hola – me dijo alegremente – tú eres el del saco negro – Bueno si, en verdad disculpa si te incomodo pero sinceramente me agradaría mucho invitarte un café, realmente me caíste muy bien – fui sincero, es más podría decir que fui yo totalmente – Si, me dijo ella, a mí también me caíste muy bien, claro pero ahora entro a clases, te puedo devolver la llamada? – Ok, este es mi número, bueno me avisas cuando puedas – y colgué, en verdad no sabía que sentir, sabía que había sonado un poco cojudo pero no podía evitarlo, traté de no pensar en que ella me llamaría cuando pudiera y para evitarlo me concentré en mi trabajo, pero cada vez que mi celular vibraba, yo deseaba que fuera ella, pero sólo eran llamadas del trabajo, mensajes de promociones de minutos y una que otra publicidad de baños turcos… mejor no preguntar, el día duró lo que usualmente tarda en llegar la noche y no había llamada alguna, me desanimé, me sentí como el esclavo que huyó por el desierto y avizoró a la distancia un oasis y casi muriendo de sed llego a él solo para descubrir que era un espejismo, nada más, un delirio provocado por la inútil de esperanza de seguir vivo. Salí a caminar por las calles en una de las noches más oscuras que recuerdo haber vivido, tal vez tan oscura porque a mi alma se le apagó la luz de la esperanza, llegué a mi café preferido y descubrí que no quería estar ahí, decidí vagar con mis pensamientos, encerrando a mi alma en mi sobretodo negro y a mi nudo en la garganta con mi chalina con vuelta estilo inglés, con las manos en los bolsillos, que es como se abrazan a sí mismos los solitarios que se van, caminé, vagué, anduve o simplemente me deje llevar, por donde los semáforos, vías peatonales, esquinas oscuras y policías de tránsito me llevaron, sin darme cuenta, al alzar la vista estaba en el Starbucks donde la vi por primera vez, decidí no entrar y sólo mirar por la ventana a aquella mesa donde la vi sentada, tuve el antojo de fumar, así que decidí comprarle a una señora ambulante una cajetilla de 20 de Marlboro light, enciendo mi cigarro y no puedo evitar fruncir el ceño, acordándome inmediatamente de una amante que me dijo que asi me veía muy sexy al fumar, lo cual me provoco una solitaria risa que de seguro hizo pensar a la señora que estaba loco y tenía razón, lo estaba, más que nunca, decido pasar por última vez por este café cuando me fijo que ella estaba ahí dentro, miro agazapado entre los taxis y ambulantes de la calle, para descubrir que ella estaba con otro sentada tomando un café, verdades universales llegaron una vez más para atormentar mi vida y hacerme infeliz, recordé esa frase que decía: Pueblo chico, infierno grande, la vi tomada de la mano con él, parecía un buen chico, parecía en verdad siendo sincero mejor que yo, con menos traumas, menos años, con mas sueños, con más esperanzas, se veía como un hombre con fe, tenía confianza en el mañana, tenia metas y se veía que realmente creía que lograría todas las metas que tenía trazadas y ella lo miraba con idolatría, con admiración, lo contemplaba como a un ángel que trae una buena nueva, me quede congelado en la acera observándolos, la llamé al celular, pero noté que miró la llamada y me colgó, comprendí entonces que no sentía, ni sentiría nada así por mí, más allá de la curiosidad primera que sintió, no hay ningún interés mayor en mí, no somos el uno para el otro, no es mi media mitad ni yo su complemento ideal, pensé en retirarme para jamás volver, total siendo sincero nadie me extrañaría, aunque quizás yo no deje de pensar en ella, extraño nombre Maja, extraña situación, extraño desenlace para tan extraña historia.
Camine tan sólo una cuadra cuando algo en mi me hizo volver sobre mis pasos, si ya no tenía nada que perder podría arriesgarlo todo, comprendí entonces a los apostadores compulsivos que apuestan hasta la última ficha, total ya no queda nada más que perder, me senté detrás de ellos después de pedir un capuchino, cogí una revista cualquiera y espere a ver el desenlace de esta noche, espere que él se fuera al baño y simplemente me acerqué a ella, le pedí una servilleta y me miró, vi su sorpresa, su sobresalto, su incomodidad, noté entonces que como no esperaba verme nunca más no importaba que le dijera la verdad, liberé mis temores, mis miedos y complejos y le dije que la amaba, sin saber por qué, sin saber cómo, pero no la podía dejar de pensar, que ya la había visto una vez en este mismo café y que el círculo de la vida empezaba y terminaba para nosotros en el mismo lugar, que no sabía el por qué, pero que ella era especial para mí, le dije como conseguí conocerla, le confesé todo, mi amor, mi admiración, mi soledad, la esperanza que era su mirar para mi, que hubiera dado todo por hacerla feliz, que hubiera dado todo porque ella sienta algo por mí, que no era su culpa, que como diría Arjona cuando entre al Starbucks, tan sólo quería un café, tal vez un croissant, pero bueno descubrí que el amor a primera vista existe y la prueba más fehaciente era ella sentada ahí frente a mi, le pedí disculpas por pensarla tanto, por soñarla y por negarme a olvidar sus ojos tan pronto, le pedí que mirará a la ventana y viera a esos perfectos desconocidos que andaban por ahí, que así ahora me iría yo, que le dejaba mi alma en su café, así como mi esperanza en sus ojos, me levanté y la quedé mirando y suspiré, suspiré tan profundamente que todo el mundo calló por escucharme a mi, me acerqué y noté que se quedó helada, sin saber qué hacer y simplemente la besé en la frente, que es como besan las madres a los hijos que se van, la besé en la frente y le pedí a Dios la bendiga, que la haga feliz, que la cuide por mi, me paré, la vi sonrojada y le sonreí, con la misma sonrisa de aquellos que saben que es el final y sonríen por no llorar y ella sonrió, sonrió con una lágrima en los ojos recorriendo sus mejillas y me fui, entre la gente, entre tantas cosas, pude notar que al llegar a la esquina ella estaba parada en la puerta del café como queriendo correr hacia mí, pero él la detuvo, seguí mi camino y me perdí.
Caminé toda la noche, me llamaron 1 000 veces al celular pero no quería hablar con nadie, llegué tan cansado que así como llegué me dormí, a la mañana siguiente tenía un correo de mi amiga de Starbucks que me contaba que Maja quería volver a verme desesperadamente, que realmente lo que le había dicho la había impactado, que quería verme, conocerme, intentarlo, pero sabía que era una ilusión, bien dicen las verdades universales; Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde, yo no quería a alguien que me aprecie cuando me perdió, ahora que sabía que yo no estaría ahí es que recién me necesita, cuando ya no me tiene, si ella lo hubiera querido se hubiera ido conmigo en ese instante, pero vi como lo miraba a él, esa ilusión, ese brillo en los ojos que no tenía cuando me veía a mí, quiero ese brillo, quiero ese suspiro, quiero esa ilusión, borré el correo y la eliminé de mis contactos, cogí el celular y borré su número también, jamás volvería a Starbucks, me quedaría con mi amor platónico para amarlo en mis sueños cuando yo lo deseé, nadie podrá quitarme eso, la recordare con cada café, con cada cigarro, con cada muffin de cualquier sabor.
Semanas después recibí un mensaje de texto que decía lo siguiente:
OOOOAAAAA que ha sido de ti, te perdiste, bueno llámame que no dejo de pensar en ti, me gustaría verte, besos, llama okis. Maja.
Lo leí, sonreí y lo borré, pensé que si los poetas tenían una musa, por lo menos una maja tiene este perro y con ella le basta y sobra.

Ralph Villanueva.